Bajada del centenario

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Edificio de la bajada del Centenario 
Cuando observo estas fotografías del edificio que se encuentra en la bajada del Centenario surgen varias cuestiones para analizar. La primera es por la imponente presencia de la construcción, imponencia no desde un sentido estético sino por el espacio que ocupa y dónde lo ocupa. Sus formas cuadradas, los materiales elegidos que sobresalen a simple vista (cemento, hierro y vidrio) contrastan con las redondeces que tenía el morro sobre el que se encuentra. Y de aquí surge otra reflexión, al focalizar la mirada sobre la edificación pareciera que brota desde el morro, que nace, se origina desde allí; pero, la realidad es que fue “encastrado”, obligado de manera violenta (se construyó bastante rápido) a penetrar sobre el morro, lo que significó la pérdida de mismo.        
La tercera cuestión, se relaciona con el revuelo social que causó el inicio de la construcción. Medios televisivos, radiales y gráficos se hicieron eco del sonido de las máquinas y martillos neumáticos que comenzaron a trabajar para hacer desaparecer parte de una geografía familiar para los que habitamos esta ciudad. Hubo movimiento de asociaciones y ONG que juntaron firmas para detener la construcción del inmueble pero no tuvieron éxito. Paradójicamente, casi todos los departamentos y oficinas que lo integran se encuentran vendidas o alquiladas.
 A partir de todo lo expuesto anteriormente, creo que puedo intentar una respuesta posible al interrogante, relacionado con la imagen del edificio, que se plantea desde la exposición de la Casa Beban “Patrimonio Arquitectónico Urbano, Identidad de una Ciudad”: ¿Esto es Ushuaia? ¿Dónde se imagina usted esta arquitectura? Sí, creo que esto forma parte de Ushuaia, no solo porque materialmente puede verificarse, sino porque existió una decisión política que legitimó su presencia. Una decisión política en la que no importan los nombres sino las acciones ya que Ushuaia, como ciudad, se encuentra “montada” a partir de fragmentos, sin políticas urbanas claras y consensuadas sino permitidas porque hay un sustento económico que las apoya. El edificio, tan poco atractivo como insoslayable simboliza, en última instancia, una sociedad consumista que, tal vez, con el correr del tiempo pueda recoger los fragmentos de sí misma para intentar esbozar una identidad.
Karina Zayas

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